Primeras nevadas en Suiza – Probando la Sony NEX-6

Navidades Blancas

Una de las cosas que uno siempre asocia a Suiza es, dejando de lado el chocolate, bancos y relojes, la nieve. Así que cada vez que llega el invierno, la nieve suele hacer aparición en la mayor parte del país. Hay algunas zonas que se salvan de tanta nevada, como por ejemplo la mía, que al estar al lado del Lago Léman, y a una altura de unos 500 metros sobre el nivel del mar (más bajo que Madrid) no siempre acaba cubierta por un manto blanco.

No ha sido el caso de estos días, que la fuerte humedad y las temperaturas de entre -2ºC y 1ºC han ayudado ha encontrarnos los tejados blancos y las calles cubiertas. Por ello, este sábado, hemos aprovechado para salir a dar una vuelta, no solo para disfrutar de los paisajes, también para probar las ruedas de invierno del coche (que hay que acostumbrarse un poco) y la cámara Sony NEX-6 que me he auto-regalado por mi cumpleaños. Por cierto, de las ruedas de invierno tendré que hacer un post, porque las he pedido por Internet y el servicio me ha parecido excelente. De paso, aprovecharé para contar un poco cómo funcionan aquí las reglas de circulación con el tema del invierno.

La foto que abre este post está tomada esta mañana, con la NEX-6, en prioridad de apertura y sobre-exponiendo un punto. La cámara es ligera y al principio cuesta hacerse a ella, sobre todo si vienes de una réflex con grip que pesaba un quintal y se veía sólida como ninguna. El motivo principal por el que adquirí esta cámara fue el peso y el tamaño. Mi Canon 40D va genial, me gusta mucho, a pesar de los años que tiene no me ha fallado nunca y me he acostumbrado a ella, a sus virtudes y a sus defectos. Cuando preparaba las maletas para irme de viaje, era de las primeras cosas que preparaba: la mochila con la cámara y sus accesorios. No me importaba ir cargado con el 100-400 L de Canon, ni con el trípode, ni los filtros ND, … Pero ahora, con Carla de por medio y todo su arsenal (el que tenga críos me entenderá), se me hace duro llevarla. El aviso ya fue este verano, cuando solo me llevé la cámara con lo básico, ni trípode para hacer foto nocturna ni nada. Y para ir así, sabiendo que para hacer foto nocturna tendrás que hacer peripecias y que quizás te dejes algo en casa, pues no te llevas la cámara. Y al final es lo que pasaba, que salíamos y la cámara se quedaba en casa. Y teniendo una niña pequeña que cada día que pasa es más graciosa, más divertida y más guapa (está mal que lo diga, pero es la verdad), lo que quieres es sacar fotos constantemente. Algunos me dirán: pero tienes el móvil para eso. Y sí, el móvil no hace malas fotos, claro que no. Pero señores, no comparen un sensor del tamaño de media uña (si llega) y 8 Mpx, sin óptica decente de por medio, con un sensor del tamaño de 6 uñas y el doble de Mpx, sin hablar de la óptica. Así que después de esta pequeña desviación del tema del post, desviación a la vez necesaria para poder explicar mi punto de vista, sigamos.

La facilidad de uso, en lo que a los menús se refiere, no es que sea inexistente, pero se complica un poco. Tiene tantas opciones que a veces cuesta apañárselas para dar con la opción que buscas. Acostumbrado a los menús Canon, con su menú personalizado y sus modos C, en la Sony los echo de menos. Vale que tenemos la tecla de función que nos da acceso a las opciones que configuremos, más luego dos botones que también podemos configurar, pero no es lo mismo cuando de todas las opciones que hay solo te dejan poner unas pocas. El modo video está genial, graba en Full HD y todas esas cosas, pero tiene un problemilla: para los que tienen las manos grandes y los dedos en relación a dicho tamaño, el apretarlo para empezar a grabar y para parar, hace que muevas la cámara y el video saldrá movido en esos momentos. Un problema menor que igual se puede solucionar encontrando otro botón.

Pero no todo es malo, claro que no. El enfoque es asombrosamente rápido, vale que igual en cámaras modernas es igual, pero a mí me ha parecido genial comparado con la 40D. La posibilidad de enfocar automáticamente y luego poder ser más precisos de manera manual es muy útil, sobre todo para estar seguros de que enfocas lo que quieres. El objetivo que lleva el kit, un 16-50 f3.5-5.6 es correcto, teniendo en cuenta su tamaño. Viñetea un poco cuando estamos en 16mm, pero nada que sea grave y, sobre todo, que no pueda ser corregido con cualquier software (yo uso Lightroom).

Navidades Blancas

Si nos vamos a las funciones que trae, tenemos las de siempre (PASM) y luego algunas interesantes como el modo panorámico, que crea una panorámica mientras mueves la cámara hacia un lado. Eso sí, en ese caso, crea un JPG y no un RAW. También tiene modo inteligente, que detecta la situación y se adapta, si bien no he tenido tiempo para probarlo demasiado. Y por último podemos encontrar opciones más típicas de las cámaras compactas, como el detector de sonrisa, de caras, etc.

Algo que buscaba en esta cámara, y que es en parte la razón por la que escogí la NEX-6 y no la NEX-5r, es el visor electrónico. Viniendo de una réflex, estoy acostumbrado a mirar a través del visor y no de la pantalla. La 5r me bastaba en cuanto a configuración, pero sin visor, quedaba descartada. la 6 trae un visor, con el 100% visible, en el que puedo configurar lo que quiero ver (igual que la pantalla). Según el manual gasta más batería, pero no he notado un consumo excesivo.

Y poco más, salvo que estoy encantado con la compra y que aún me queda mucho por probar con esta cámara, así que os iré contando. Si tenéis alguna consulta, no dudéis en dejar un comentario.

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