La mentalidad de algunos

Este es un post que empecé hace unos meses pero del que, caprichos de Google Chrome, perdí parte del texto. No quedó más que la primera frase. Trato de escribirlo ahora, con cierta perspectiva después de un tiempo macerando, así que igual no es exactamente el mismo que pretendía escribir pero la idea inicial es la misma.

A nosotros, mi familia, nos gusta viajar. Siempre que podemos hacemos un viaje a alguna ciudad nueva para conocer sus rincones, gentes y tradiciones. Desde que empecé a viajar a otros países, al principio me encontraba muy pocos españoles. Parecíamos ese lince ibérico en vías de extinción por otros países. Cuando nos cruzábamos con alguno, siempre había alguna palabra, un saludo, un comentario sobre lo que habíamos visto, sobre lo que recomendábamos ver, etc. Dábamos nuestra opinión, echábamos una mano si hacía falta, e incluso a veces quedábamos al final del día para charlar. Se nos reconocía, y todavía se hace, en los desayunos tipo buffet de los hoteles, por coger todo lo que cupiera en nuestro plato, aunque no nos fuésemos a comer todo. Igual es herencia de nuestros padres y abuelos de la época dura de la postguerra, vete tú a saber. Bien retratado por Goyo Jiménez:

http://youtu.be/l2OhfdHnwv4

Ahora se ven muchos más españoles viajando, no al nivel de los japoneses que siempre te encuentras en algún sitio, pero viajamos más. Paseas por las ciudades y te cruzas con más turistas patrios, incluso les detectas a lo lejos por las voces que dan, es lo que tenemos los españoles, que hacemos mucho ruido. También te encuentras, debido a la crisis, a muchos españoles que han emigrado. Algunos son hijos de inmigrantes, que después de la guerra civil se vieron obligados a emigrar y ya nacieron en el país de acogida. Otros emigraron hace unos años, viendo que la crisis empezaba a llegar o porque les salió una oportunidad. El caso es que todos ellos tienen en común una cosa: conocen el país mejor que un recién llegado. Conocen la burocracia, los truquillos de la administración, el transporte, correos, bancos, etc. Y desde que estamos en Suiza hemos visto a unos pocos de ellos, incluso charlado un poco con los que no te evitan, porque hay otros que parece que huyen en cuanto detectan compatriotas o se hacen los no-españoles, quizás por miedo a que te enganches a ellos. Con los que acabas hablando un poco, el trato es cordial, pero no llega a más.

Veréis, yo no pido que los españoles que ya están en el país estén de niñeros con los recién llegados, no hace falta eso, pero sí que al menos cuando te ven un poco perdido te echen una mano dándote información. Esa información que al final acabarás conociendo, porque no eres tonto y te mueves, pero que si conocieras antes podrías hacer más cosas más rápidamente. Ejemplos personales tengo para dar y tomar, de gente española o hispano-parlante que está en comisiones de extranjeros de tu pueblo y que no te dicen que hay clases de idiomas organizadas por el ayuntamiento, o que no te dicen que en el paro te pueden subvencionar cursos para aprender el idioma local. Está claro que son cosas que, como digo, tarde o temprano, acabas descubriendo por tu cuenta. Pero ¡qué bien hubiese hecho el conocerlas antes!

Puestos a analizar este comportamiento, se me ocurre que quizás sea porque en su día fueron amables y alguien se aprovechó de ello, o, y esto sería más difícil de digerir, que como a ellos nadie les ayudó tienen el pensamiento de que como a ellos les costó, que los recién llegados pasen por lo mismo. Esta hipótesis me cuesta creerla, porque estoy seguro de que a ellos alguien les ayudó, alguien local, fijo. Porque a nosotros la gente del pueblo nos ayudó, nos dijeron lo de las clases de idiomas, lo del paro y otros trucos que nos vinieron muy bien.

Después de comentarlo muchas veces, nosotros no cambiaremos y si podemos ayudar a alguien, se le ayudará, es algo que se debe hacer, no ya porque sea español o no, pero por ser humano. Viendo como se echaron a las vías los habitantes del pueblo de Angrois con el accidente de tren cerca de Santiago de Compostela, no creo que sea tan difícil echar una mano sin llegar a esos extremos de necesidad, claro. Siempre nos encontraremos con alguien que se aproveche o trate de hacerlo, pero ya nos encargaremos de echar el freno en ese caso.

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